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LEY 17/2021, DE 15 DE DICIEMBRE: RÉGIMEN JURÍDICO DE LOS ANIMALES DE COMPAÑÍA EN LOS SUPUESTOS DE CRISIS MATRIMONIAL Y DE HERENCIAS.

La Ley 17/2021, de 15 de diciembre de 2021, cuya entrada en vigor tuvo lugar el pasado 5 de enero de 2022 modifica el Código Civil, y la Ley de Enjuiciamiento Civil en lo que respecta a las crisis matrimoniales y las herencias en relación con el cuidado y la compañía de los animales. Las novedades legislativas en estas materias son las siguientes:

1.- Se modifican los efectos comunes a la nulidad, separación y divorcio, estableciendo ahora que en los procedimientos que se hagan de mutuo acuerdo, el convenio regulador debe pronunciarse sobre el destino de los animales de compañía, en caso de que existan, teniendo en cuenta el interés de los miembros de la familia y el bienestar del animal; el reparto de los tiempos de convivencia y cuidado si fuere necesario, así como las cargas asociadas al cuidado del animal.

Si los acuerdos fueran gravemente perjudiciales para el bienestar de los animales de compañía, la autoridad judicial ordenará las medidas a adoptar, sin perjuicio del convenio aprobado.

Podrá modificarse el convenio o solicitarse modificación de las medidas sobre los animales de compañía si se hubieran alterado gravemente sus circunstancias.

2.- En las sentencias de nulidad, separación o divorcio, la autoridad judicial, en defecto de acuerdo de los cónyuges o en caso de no aprobación del mismo, determinará las medidas que hayan de sustituir a las ya adoptadas con anterioridad en relación con el destino de los animales de compañía. Estas medidas podrán ser modificadas cuando se alteren sustancialmente las circunstancias.

3.- En relación a la guarda y custodia compartida, no procederá la guarda conjunta cuando el juez advierta, de las alegaciones de las partes y las pruebas practicadas, la existencia de indicios fundados de violencia doméstica o de género. Se apreciará también a estos efectos la existencia de malos tratos a animales, o la amenaza de causarlos, como medio para controlar o victimizar al cónyuge o hijos.

4.- La autoridad judicial confiará para el cuidado de los animales de compañía a uno o ambos cónyuges, y determinará, en su caso, la forma en la que el cónyuge al que no se le hayan confiado podrá tenerlos en su compañía, así como el reparto de las cargas asociadas al cuidado del animal, todo ello atendiendo al interés de los miembros de la familia y al bienestar del animal, con independencia de la titularidad dominical de este y de a quién le haya sido confiado para su cuidado. Esta circunstancia se hará constar en el correspondiente registro de identificación de animales (artículo 94.Bis Código Civil).

5.- En cuanto a las medidas provisionales por demanda de nulidad, separación y divorcio, el Juez a falta de acuerdo de los cónyuges aprobado judicialmente, determinará, atendiendo al interés de los miembros de la familia y al bienestar del animal, si los animales de compañía se confían a uno o a ambos cónyuges, la forma en que el cónyuge al que no se hayan confiado podrá tenerlos en su compañía, así como también las medidas cautelares convenientes para conservar el derecho de cada uno.

6.- A falta de disposición testamentaria relativa a los animales de compañía propiedad del causahabiente, estos se entregarán a los herederos o legatarios que los reclamen de acuerdo con las leyes.

Si no fuera posible hacerlo de inmediato, para garantizar el cuidado del animal de compañía y solo cuando sea necesario por falta de previsiones sobre su atención, se entregará al órgano administrativo o centro que tenga encomendada la recogida de animales abandonados hasta que se resuelvan los correspondientes trámites por razón de sucesión.

Si ninguno de los sucesores quiere hacerse cargo del animal de compañía, el órgano administrativo competente podrá cederlo a un tercero para su cuidado y protección.

Si más de un heredero reclama el animal de compañía y no hay acuerdo unánime sobre el destino del mismo, la autoridad judicial decidirá su destino teniendo en cuenta el bienestar del animal.

 

En definitiva, los animales no deben ser usados como medio para controlar o causar daño moral a otros miembros de la unidad familiar, debiendo procurar las partes el acuerdo más beneficioso para el propio animal de compañía, tratando de adoptar la solución más equitativa teniendo en cuenta las circunstancias del caso concreto, y que no necesariamente tiene que consistir en el reparto del tiempo de estancia con el animal.